Lo que siempre fuimos, seremos. El lenguaje en el Hip Hop

A priori, cualquiera de nosotros podría asociar directamente la cultura Hiphop con una serie de valores, estereotipos y algunas representaciones sociales más o menos definidas: un discurso de movilidad social, una vestimenta específica, algunos territorios, una forma de afrontar la existencia y —lo que hoy nos convoca— un empleo bastante particular del lenguaje. No sería muy aventurado asegurar que, desde la aparición de las primeras formas definidas de esta cultura, el uso del lenguaje ha jugado un rol determinante en el desarrollo de este movimiento a nivel planetario. Por un momento, al menos, dejemos de imaginar a un rapero dando una muestra de sus técnicas y creaciones ante el micrófono. Vamos más atrás en el tiempo, cuando nada de esto tenía nombre ni etiqueta, cuando no había trasnacionales ni sponsors, cuando todo estaba por hacerse.

Ha resultado difícil para los estudiosos del tema establecer un punto de partida, una chispa en el tiempo para decir “aquí comenzó todo”. Son las absurdas aspiraciones humanas por querer instalar un cerco hasta en el infinito. La ciencia no nos ofrece un punto específico para comenzar el conteo del uso del lenguaje. La cuenta se pierde, fluctuando entre 40000 años a 400000. El dato nos sirve poco en la precisión, pero al menos instala una duda fundamental: antes del lenguaje, ¿qué?

Nada. No hay nada para responder. Antes del lenguaje, los seres éramos solamente silencio e incomunicación, solo falta de idea, carencia de medio, un ente mudo en un mundo ni siquiera concebible más allá de la supervivencia del día. La única respuesta que nos han dado los sociólogos y los antropólogos, en consenso, es que sin el dominio del lenguaje habríamos desaparecido de la faz de la tierra. Eso es un hecho categórico.

A lo mejor, podemos comenzar a buscar alguna respuesta en los testimonios antiguos, en las mitologías de antaño, para encontrar la chispa de la que hablamos hace un momento. Que no podamos ver las cosas no significa que no estén. El mito es, primeramente, un discurso, un constructo de lenguaje. Un mito tiene la respuesta a una pregunta que la ciencia no ha podido resolver. Así sabemos, por ejemplo, de Babel, del Árbol de la Vida o de Wa-Sania. Cada mito da su solución al conflicto natural que los seres humanos tenemos con el caos, puesto que comienza a construir un discurso común, a cobijar los intereses de su hermano en su propio relato y a respetar lo que va (o viene) más allá de nosotros. Poco a poco, comenzamos a construir un primer cosmos, que como idea bien armada se opone al principio caótico que teníamos en la nada, cuando nada era.

No es casualidad que en uno de los mitos de Occidente, la creación de Adán, se dé a partir de un poco de arcilla que había a mano, y que la vida haya sido soplada en él para crearlo, cual vasija. Como soplar un vidrio en la fragua, una creación que parte del propio ser, desde mi oralidad. Desde ahí, posiblemente, que podamos asegurar que estamos creados en el lenguaje. Tampoco es casualidad que Vicente Huidobro nos recordara que “el poeta es un pequeño dios”. Si cada uno de nosotros tomara conciencia de que estamos creados en el lenguaje y que nuestras propias palabras portan una fuerza creadora infinita, este sería un mundo algo más encaminado en nuestro viejo plan.

El mito y el rito van de la mano. Así mismo es como surgen, lejos en el tiempo, las primeras re-presentaciones. Se buscaba traer al presente los hechos y los dioses que nos han regalado el mundo, el fuego, el maíz, la palabra. Estos ritos los vive el artista cada vez que se dispone a romper un silencio, a manchar un muro, a quebrar la quietud, a mirar las otras caras de las palabras.

Para los griegos había un lenguaje sagrado. Este era revelado por los dioses en el Oráculo para direccionar los destinos de una persona o de una nación entera. El problema era (cómo no) descifrar estos mensajes, encriptados y torcidos, que los dioses nos daban desde su grandeza. Para esta tarea altamente epecializada, existía un ser escogido, llamado vate, quien vaticinaba los destinos según su interpretación del mensaje. De ahí la importancia de los poetas (vates) en la antigüedad: no estaban solamente para proferir palabrería bonita y rimada, sino para deconstruir el lenguaje sagrado a las vulgares palabras humanas. Nos hablaban he hambrunas, de guerras, de migraciones, de plagas, de traiciones y amores. Larga es la lista de obras que se tienen hoy a partir de este específico punto del tiempo.

Podríamos empezar a convencernos de que hablar de Hiphop y lenguaje son (y han sido siempre) una misma cosa. Como decíamos al comienzo, más allá del freestyle o cualquier rama o subrama de la cultura que esté pasando por una moda. Nos referimos a todos los lenguajes involucrados en el simple hecho de ser una persona en este mundo. Nos referimos al hecho natural de jugar con las palabras para crear las cosas. Nos referimos a lo que todos hacíamos cuando éramos niños y bastaba una sola palabra para cambiar el mundo entero.

A esta altura, no sé quién podría creer que la vestimenta no es un lenguaje. Si “somos como hablamos”, nuestro atuendo tiene mucho que decir de nosotros, sea porque lo lucimos con orgullo o con la indiferencia del que solamente ve en el vestuario un modo de taparse el cuerpo. Tampoco es ajeno al alcance del lenguaje lo que tengamos que hacer con nuestro cuerpo y sus movimientos; ver hoy a un b-boy nos enfrenta al privilegio de ver medidas dos fuerzas en una confrontación donde la palabra toma palco para dejar que los cuerpos resuelvan. Nada nuevo bajo el sol.

Algo tendrá que decir el hecho de encontrar grafitis y tags por doquier en nuestra cuidad. Algunos haciendo galas de nuevas técnicas y propósitos cada vez más imbricados. Aquí tenemos, nuevamente, una manifestación de un lenguaje transversal, visual, creado para que rompa lo efímero de las palabras habladas. Marcar un muro quiere decir “aquí estuve yo”. Lo mismo debió pasar con la primera gota de sangre que cayó al suelo. Quien jamás ha puesto su nombre en un muro, difícilmente sabrá de este código del lenguaje que permite encaminar las palabras hacia lo perdurable. Me permito disponer del espacio por un momento, aunque sea.

Mirar al DJ hace remontarse a los poetas de los viejos milenios, que acompañaban sus cantos rimados con una lira (de ahí el nombre lírico), para acomodar en un ritmo el mágico ritual de la palabra hablada. Estamos hablando del mensaje de las musas (de ahí el nombre música), escuchado con respeto y atención por todos. El lenguaje buscó en quienés vivir y se ha alojado en el discurso mítico y literario de las culturas. El mensaje potente ha tenido la posibilidad de viralizarse hasta nuestros días, sin contar con medios tecnológicos para esto.

Hoy en día, cuando el mundo parece perder el sentido (al menos el que conocíamos hace poco), emergen las ramas del Hiphop como una mano amiga en medio del temido caos. El conocimiento callejero y el emprendimiento, por mencionar algunas ramificaciones, serán herramientas fundamentales para enfrentar el sentido (aún en formación) de este nuevo mundo. La cultura irrumpe como una posibilidad certera de tomar la experiencia de los más antiguos y transmitir este conocimiento a las nuevas generaciones.

Sin duda, los más jóvenes se verán encandilados por el despliegue mediático de las batallas de rap o de un nuevo par de zapatillas que ahora cuestan prácticamente el sueldo de un mes entero. Esto es un primer momento y, como cultura, también debemos cuidar nuestro lenguaje de valores despectivos hacia esta o cualquier otra persona. Un joven que pasa más horas escuchando rap, que “se vieste ancho”, que emprende, que desafía el discurso vacío de una ciudad grisácea, que hace de su cuerpo su herramienta, que redescubre el lenguaje en su poder creador, será un guerrero en esta otra gran batalla que tenemos como cultura Hiphop.

Como profesor, espero el día en que pregunte a los estudiantes por sus conocimientos de poesía. Espero el momento en que alguno me conteste que un amigo suyo (o él mismo) crea unos temas y que los quiere compartir…ahora mismo! Hay un mensaje sagrado en esto, creo. Sabemos que ningún artista ha conocido los confines de la palabra como el hiphopa, sea esto en lo musical o en la forma en que un consejo llega a alguien como un modo de dar un nuevo paso adelante en su camino.

Hablar de Hiphop y lenguaje es referirse, entonces, a lo mismo. Sin el lenguaje, no habría nada de lo que conocemos. Nada. A partir del lenguaje es que hemos comenzado a construir y a nutrir nuestro árbol, del que hace ya casi hace cincuenta años nos conocimos masivamente sus primeras cuatro ramas y que hoy (con su ramificación contemporánea) nos dice “estoy aquí para ustedes: les mostraré el camino nuevamente. Siempre estuve”.

Si el punto de partida es el lenguaje, hemos de ser los hiphopa los encargados de dar una luz en medio de este caos. Distinguir (y enseñar a distinguir) un rap verdadero del rapero frívolo y tóxico puede ser un buen comienzo. Es que aquí en la cultura no hay espacio para el sexismo ni la discriminación. Apreciar (y enseñar a apreciar) el arte callejero, la danza, el emprendimiento y el saber de los que están en el mundo de una forma distinta hará de esta esfera celeste un mundo mucho más Hiphop. El silencio es, sin duda, el peor de los caminos.

 

Profe Neit

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